Análisis de Asemblance

Hay dos formas de jugar a Fez. La primera es la relajada, la casual, la que la mayoría de nosotros, pobres mortales, vivimos: explorar su universo y conseguir las piezas principalmente vía plataformas y el ocasional puzle de dos a tres dimensiones. Luego está la segunda, la de los fans y los obsesos: Fez es un juego lleno de puzles que rompen la cuarta pared, exigen conocimientos matemáticos y de programación y con un lenguaje oculto que exige un tremendo esfuerzo para desbloquearse. Como es lógico, se exprimirá más si se completa al 100% y apuntas a aquellos desafíos desquiciantes, pero incluso sin eso, Fez sigue siendo un buen título. Su plataformeo no es excepcional y no voy a llegar y decir que tenga un diseño de niveles excelente, pero como viaje romanticón y meramente contemplativo tiene su valor, sus amaneceres y atardeceres y, cómo no, aquella exquisita banda sonora. Asemblance carece de esa dualidad. Es un juego de puzles retorcido, y puedes llegar a uno de sus múltiples finales sin demasiados problemas, pero entonces te estás perdiendo la historia.

Una alarma te despierta. Emergencia. La habitación está a oscuras salvo una luz roja que ilumina un panel de control. Una voz te pide que pulses un botón, y lo haces. Luces encendidas, y estás confinado en una habitación metálica. La voz dice que esta no era una emergencia real; sólo quería asegurarse de que estás bien y funcionas como Dios manda, pero tú no sabes dónde estás, quién eres, de dónde viene esa voz. Demasiadas preguntas, y la respuesta se encuentra en la cámara frente a ti: un espacio capaz de recrear tus recuerdos. Y sin embargo ¿son todas esas memorias tuyas? ¿Quién te impide recordar tu identidad? ¿Realmente estás en el mundo real o eres otra proyección dentro de una máquina? Asemblance dice inspirarse en Expediente X y Black Mirror, pero Charlie Brooker jamás ha sido tan obtuso. El inicio in media res es esperado por la premisa y aquella idea de que Dios sabe cuánto de esto es real. El espacio aséptico y solitario por el que nos paseamos, aquél laboratorio abandonado, si es que realmente lo es, transmite una confusión necesaria para mentalizarnos. Sin embargo, el momento de avanzar nunca llega del todo.

Asemblance es un puzle donde las piezas se van recogiendo poco a poco sin que haya un momento clave donde se pueda uno relajar y decir "¡eureka, ya sé de qué va esto!". La progresión es tan lenta que, a base de especular, uno se va haciendo la imagen más deprisa de lo que el juego permite. Dicen que esta es la primera entrega de lo que, imagino, será una saga, pero carece de ese ritmo y pequeños incentivos que suelen dar las historias tradicionales. Eso sí, el esfuerzo que pone en el detallismo es loable: el juego es, a grandes rasgos, un first person explorer en que se investiga el escenario en busca de pistas que desbloqueen nuevos recuerdos, como tirando de disparadores freudianos para recordar quién éramos y por qué queremos salir en primer lugar.

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