Análisis de Absolver

Tengo que reconocer que la primera hora de Absolver me sentó como un jarro de agua fría. En mi primera aproximación a él pequé, sobre todo, de inocente. Sabía que el reclamo para los jugadores y la premisa alrededor de la cual orbitaba todo lo demás era el complejo sistema de combate; y aun así, esperé que su manejo viniese a mí de forma natural, lograr entenderlo sin hacer verdaderos esfuerzos. "Para ser un buen juego", me decía a mí misma, "tiene que tener una curva de dificultad adecuada, sea más o menos acusada, que te permita entender los movimientos y las tácticas que debes usar en cada momento". Como resultado, morí un montón de veces. Y todas y cada una de ellas fueron culpa mía.

Hablar de este juego es una aventura porque, en realidad, es una mezcla de facetas que a primera vista no parece que puedan funcionar bien juntas. Es un título que se basa en el modo online, tanto cooperativo como jugador contra jugador; pero su núcleo, y la parte que más brilla, es un sistema de combate profundo, complejo y altamente personalizable. Tiene tintes RPG en niveles, estadísticas y equipamiento y, a la vez, se juega como una experiencia pausada, estratégica y reflexiva. Así que es lógico - quiero pensar - que en una primera aproximación no sepamos leer bien las señales, que las intenciones del juego se nos escapen y nos estampemos una y otra vez contra el mismo obstáculo. En mi caso, fue uno de los primeros jefes, un "marcado", como se llaman en este universo: lo intenté una y otra vez sin éxito hasta que decidí, un poco enfadada, irme a la cama. Al día siguiente, cuando volví, totalmente determinada a conseguir avanzar, me encontré con el mismo problema. Fue entonces cuando comprendí que tenía que dejar de aporrear al enemigo como si no hubiese mañana, y pararme a pensar sus movimientos y sus técnicas para entender lo que estaba sucediendo delante de mí para poder actuar consecuentemente. Vencer a ese tío fue catártico, pero más importante aún fue descubrir que Absolver no es un juego que se parezca a ningún juego de lucha que haya jugado antes. Lo cual, en sí mismo, ya es un punto a favor.

En lugar de memorizar largas secuencias de botones para lanzar los golpes más potentes y hacerle más daño a nuestro oponente, Absolver nos da sólo dos botones con los que podemos atacar (un ataque básico, que en la versión analizada, de PlayStation 4, corresponde al cuadrado, y un ataque alternativo en el triángulo), pero un amplio abanico de movimientos que podemos asignar a ellos según convenga. Mover el stick derecho del mando mientras pulsamos el gatillo derecho nos hará cambiar de postura entre cuatro diferentes: cada una de ellas con sus propios golpes, que sólo podremos ejecutar cuando estemos en ella. Cada golpe nos hará comenzar en una postura y terminar en otra, y la dinámica del juego es ir personalizando nuestras secuencias de ataques, rotando entre las distintas poses, para crear combos más eficientes y que puedan sorprender y derrotar a nuestros enemigos. Suena bastante llamativo, pero es, en realidad, un poco abrumador hasta que te decides a sentarte frente a la interfaz, estudiar tus posibilidades y experimentar con ellas hasta encontrar la óptima para ti. La opción del menú que nos permite personalizar el sistema de combate, las estadísticas y habilidades especiales se llama "Meditación" y, si me lo permitís, creo que no podría tener un nombre más acertado: lo que se nos pide es olvidarnos de todo lo demás y tomarnos un momento para concentrarnos y sumergirnos en el juego. Pero, cuando lo hacemos, el sistema de combate hace "clic" irremediablemente, y comenzamos a ver la experiencia con otros ojos.

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