Análisis de Everybody's Golf

En esta semana convulsa -cuándo no- en redes sociales un pequeño debate centrado en la dificultad de los videojuegos y en las capacidades de los redactores a la hora de enfrentarse al objeto de su análisis ha acabado, como suele suceder en estos casos, dejándonos con multitud de opiniones fuertemente opuestas y la sensación de que no existe un punto medio entre ambas posturas. Es una pena que muchas de esas afirmaciones se centrasen en la persona y no en el propio juego: Si en algo podemos estar de acuerdo todos, creo, es en que es tan fundamental la figura de quien pretende desentrañar los mecanismos que lo componen como la habilidad de este para comunicarse con el jugador o la jugadora que sujeta el mando. La comunicación bidireccional que diferencia a este medio de otros da importancia a nuestro desempeño, pero también deja un espacio para lo que la obra tiene que decir y, no menos relevante, el lenguaje que emplea para hacerlo.

Es un comienzo quizás demasiado serio para un juego tan alegre y despreocupado como Everybody's Golf, pero os aseguro desde ya que tiene todo el sentido del mundo. Lo digo porque, aún siendo un juego endemoniadamente preocupado por variables, opciones, datos y demás enemigos de lo accesible -que están ahí y podemos consultar en cualquier momento-, sus responsables se las han ingeniado para crear un lenguaje cuya prioridad es la de hacerte sentir cómodo. Podríamos decir que esta nueva entrega de la saga, con cierto aire a reboot por su ausencia de número y la presencia de un novedoso mundo abierto, es el equivalente digital a la abuela que te pregunta después de cebarte cual gorrino que qué tal estás, si te has quedado con hambre y si te fríe un huevo.

No menos destacable es la sutileza con la que logra esta sensación familiar y confortable. Desde el instante en que creamos a nuestro avatar y lo soltamos en las verdes praderas de nuestro club de campo encontramos a numerosos empleados dispuestos a echarnos un cable y explicarnos todo lo necesario para ponernos en marcha y jugar nuestros primeros torneos. El trabajo de Clap Hanz a la hora de integrar tutoriales es ejemplar, por cómo nos invita a descubrir cosas por nosotros mismos apoyándose en colores, sonidos y una amplia variedad de recursos buenrrollistas sin renunciar por ello a explicaciones directas de cómo funciona una mecánica o cuáles son las condiciones de determinados torneos. De ahí viene lo de aire a reboot, de esa capacidad para dar la bienvenida a quienes no se habían acercado a la saga y situarlos casi al mismo nivel de quienes ya llevan unos cuantos hoyos a la espalda.

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