Enfrentándome al cuarto análisis de un Yakuza en apenas veinte meses, cada vez me cuesta más de hablar de entregas individuales y menos de la saga como un conjunto. Además, como mencionaré en este análisis, la propia franquicia está cambiando en ese sentido para transformarse en una experiencia más conectada y homogénea. Sin embargo, no llega a cansar; de alguna manera Yakuza parece haber alcanzado la perfección en su fórmula y solo necesita ir variando pequeños detalles.
Yakuza Kiwami 2 es un remake de la segunda entrega de la saga. Un año después de los eventos del primer juego, Kazuma Kiryu vive como un civil, alejado de la Yakuza, junto a su hija adoptiva Haruka. La tranquilidad relativa se ve empañada cuando el patriarca del Clan Tojo es asesinado por la Alianza Omi. El Clan Tojo pide a Kiryu que les ayude a conseguir una tregua, pero pocos saben que los eventos que se están produciendo son los ecos de un hecho traumático de hace dos décadas.
Esta una de las entregas más queridas por los fans, y con razón. Tiene a uno de los villanos más carismáticos de Yakuza, la historia se desarrolla a un ritmo muy alto entre dos de las localizaciones más carismáticas de la saga (Kamurocho en Tokyo y Sotenbori en Osaka, las mismas que se emplearon posteriormente para Yakuza 0) e incluso tiene a un personaje femenino con líneas de diálogo que no dan vergüenza ajena en todas sus apariciones. Es una historia repleta de giros, como es habitual, pero están supeditados a una trama que se centra más en el choque de trenes que resulta la colisión entre diferentes mafias y las ramificaciones del conflicto.
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