Sea nuestro género predilecto o no, todos hemos tenido alguna experiencia multimedia relacionada con el terror. Desde las oxidadas y chirriantes dimensiones alternativas de Silent Hill hasta las oscuras fauces de los xenomorfos de Alien, pasando por aquella noche en la que estabas mirando el móvil y abriste sin querer la cámara frontal, no hay nadie que se haya librado de experimentar la subida inmediata de adrenalina, el bombeo frenético del corazón y el agarre tenso de las manos que acompañan a un buen susto. Pero aunque sea una experiencia universal, no lo es tanto el retorno sistemático buscando experimentarla de nuevo, persiguiendo la sensación posterior que acompaña al terror en condiciones controladas. Ese "sentirse vivo". Le joie de vivre. Por eso volvemos sistemáticamente a buscar experiencias en ese ámbito... como volveremos uno y otro día a los tenebrosos y frondosos bosques de Darkwood.
Y es que, de no ser así, no habría una sola alma que quisiera poner pie en este páramo, maldito por una plaga de origen desconocido que ha diezmado a la población y que, por algún oscuro e inquietante motivo, hace que el bosque esté aislando con el crecimiento inusual de sus árboles esta perdida zona del Bloque del Este. Basta decir que seremos unos extraños en la zona, que nuestra meta es escapar de ahí bajo cualquier pretexto y que no entraré en más detalles porque merece muchísimo la pena ir descubriendo todo lo que Darkwood esconde en el plano argumental. No obstante, sí es de justicia señalar que toda su narrativa transita por una senda no lineal, así que, si queremos hacernos una idea de lo que ocurre, deberemos explorar e hilvanar la información que nos vayamos encontrando en cada rincón de su propuesta jugable.
Porque será en lo jugable donde nos extendamos bastante... previa disección del apartado artístico, claro está. En ningún momento el título de Acid Wizard pretende esconder su condición de juego independiente; desde su perspectiva aérea, que casi parece un calco de Hotline Miami, podemos observar que no lleva por bandera alarde gráfico alguno, pero sí posee una dirección artística que transmite a la perfección el tono general que el juego necesita: una paleta de colores apagados (salvo rojos sangre intensísimos o cuando la luz hace acto de presencia) y una oscuridad casi perpetua reinan en él, dejándonos ver que las zonas por las que transitamos se vieron privadas de su gloria por la plaga desde hace mucho. Por otra parte, menús e interfaz muestran un aspecto espartano, casi utilitario, que va muy acorde con las circunstancias que rodean al juego, donde lo que prima es hacer lo necesario para sobrevivir y dejarse de florituras.
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