Análisis de Children of Morta

Me cuesta pensar en mi casa como una sola cosa: a lo largo de los años ha sido refugio, prisión, campo de juegos, fuente de añoranza; ahora es al mismo tiempo espacio de trabajo y de ocio, hasta el punto en que a veces cuesta separar ambos. Sus paredes han sido testigos de prácticamente toda mi vida y por tanto me es imposible analizarla fríamente de la manera en que pueden percibirla quienes la visitan por primera vez. Le tengo cierto cariño a las obras que entienden que un hogar es más que las paredes que lo encierran: son las historias que acontecen en su interior.

Entre estas obras se ha colado la epopeya de los Bergson, una familia que debe enfrentarse en Children of Morta a la Corrupción que está contaminando los bosques cercanos y que amenaza a todos sus habitantes. John, Linda, Kevin, Mark, Lucy y Joey tendrán que vérselas con toda clase de monstruos nacidos de la oscuridad, aunque cuentan con un amuleto que les salva cuando están a las puertas de la muerte y les devuelve a su base de operaciones: la vivienda que todos ellos comparten.

La casa de los Bergson es al mismo tiempo menú y espacio narrativo: allí realizamos las mejoras de arma y armadura, pero también vivimos las historias de cada uno de los habitantes, observamos a qué dedican su tiempo libre y contemplamos el lento avance de la Corrupción. Entre épica y épica nos salpican pequeñas pinceladas de costumbrismo que le dan a la aventura un ambiente entrañable que nos invita a empatizar con la familia. Desde el sótano de la vivienda se abren portales a distintas ubicaciones del mundo El diseño de los niveles es aleatorio, pero la estructura del avance sí está determinada de antemano. Tenemos que liberar a tres espíritus, y cada uno tiene a sus vez unos tres capítulos con varios niveles que culminan en jefes finales.

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