El Heavy Metal es un género musical con tanta diversidad y tanta producción que se podrían escribir miles de párrafos sobre sus características, técnicas, orígenes y demás elementos técnicos para que, al final, llegáramos a la misma conclusión de siempre: cuando escuchas una canción, automáticamente sabes si es metal o no. Tu alma, tu corazón y tu instinto te dicen si esa canción es TRVË o si debes exiliarla junto al resto de géneros que no se forjaron en el yunque de los dioses del fuego, la tormenta y EL METAL.
Y cuando arrancas Valfaris pasa exactamente lo mismo. En cuanto pasan los logos de rigor de sus desarrolladores, pronto empiezan los acordes pesados de una guitarra eléctrica al son de una marcha militar, mientras una figura imponente sujeta una humeante y gigantesca arma de plasma frente a un escenario en el que se dan la mano azules, amarillos y verdes imposibles que se recortan ante su armadura rojo carmesí y su melena azabache. En algún lugar inhóspito, las motocicletas de Manowar rugen de emoción ante una de las estampas más metal que jamás hemos tenido el placer de disfrutar.
Porque el juego de Steel Mantis es eso: heavy Metal en todos y cada uno de sus aspectos. Empezando por la historia; el mundo fortaleza Valfaris, anteriormente en paradero desconocido, ha reaparecido en torno a una estrella moribunda trayendo consigo destrucción y caos para todo lo que en él habitaba. Therion, orgulloso hijo de Valfaris, regresa a su planeta natal para descubrir el destino de su padre y conocer la verdad tras la desaparición de lo que antaño fue un orgulloso planeta. Casi puedo escuchar los solos de guitarra y el doble bombo a toda pastilla mientras narro todo esto con voz bien grave, ataviado con una capucha negra.
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