Avance del remake de Resident Evil 3

Habiendo jugado alrededor de tres horas, decir que Resident Evil 3 Remake es un buen juego no me parece un salto lógico demasiado grande, ni tampoco creo que a vosotros os cueste creéroslo. Primero, porque es una versión mejorada de Resident Evil 3 (1999), un título que, si bien necesita que el prisma del presente le haga unas cuantas concesiones, se encuentra entre uno de los títulos más venerados de la saga de terror de Capcom. Y segundo, porque este es ya el tercero en una línea de reimaginaciones más que notables de esta saga. El remake del Resident Evil original - lanzado en 2002 y porteado hasta la saciedad en todas las consolas imaginables - hacía el trabajo sucio de intentar entender cómo se trasladaban los controles de tanque, los píxeles como puños y el 3D primigenio a las nuevas sensibilidades; y, a sus espaldas, Resident Evil 2 Remake (2019) pulía las aristas, añadía potencia técnica y alguna que otra idea carismática para terminar de redondearlo. Este Resident Evil 3 (2020) es un más que digno sucesor de ese último, un juego que entiende a la perfección los mecanismos que reinterpreta, y que juega e inventa y hace digresiones cuando lo considera necesario, en general, con bastante talento.

Siendo como son Resident Evil 2 y Resident Evil 3 títulos casi hermanos, y teniendo en cuenta que van a salir en un lapso de apenas un año, no nos extraña que gran parte del motor, las texturas, las armas y las interfaces vayan a ser exactamente las mismas. Tampoco nos molesta: lo primero que sentimos al coger el mando es una sensación de familiaridad extrema. Aunque el juego nos refresca la memoria enseguida, no necesitamos un tutorial para saber con qué botón se dispara, con cuál nos agachamos y con cual abrimos el inventario.

Empezamos esta sesión de demo no desde el principio, eso sí, sino en una partida un poco más avanzada, en una sala de guardado en el metro de la ciudad. Unas escaleras nos instan a volver a las profundidades y una puerta nos ofrece salir al exterior, y ahí que vamos, porque al final, a eso hemos venido. La historia os la sabéis, y si no, tampoco tiene mucho misterio: sin destripar nada, Raccoon City ha sido infestada por una plaga zombi y Jill Valentine, que ya conocíamos por ser una de las protagonistas del primer juego, está viviendo una pesadilla recurrente que parece incluso peor que soñar que te queda pendiente una asignatura de la Universidad. Para salir de allí tenemos que reactivar el metro, pero la red eléctrica de la ciudad está caída por culpa del desastre, y que tenemos que restaurarla.

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