Volviendo a Metro Redux

En mi cabeza los "Volviendo a" tienen una estructura más o menos definida: una introducción más o menos afortunada, un texto en el que profundizo en las bondades del título en cuestión, lo bien o mal que se ha trasladado a la versión que estoy analizando y, para concluir, un remate en el que suelo condensar si merece la pena regresar a ese título en los tiempos que corren. Pero ¡ay! de aquél que analice juegos según reglas rígidas cual tronco de roble y no sea flexible en su criterio como el junco que se mece en el lecho del río, pues un día le acabará tocando hablar de un título como Metro Redux para Nintendo Switch.

Porque este juego tiene su historia. La adaptación de la obra de 4A Games a Switch no es ni más ni menos que, atención, el port de la versión que se publicó allá por 2014, la cual venía a revisar los juegos Metro 2033 y Metro: Last Light ofreciéndolos en un cómodo formato unitario a los usuarios de PC, PS4 y Xbox One. Y a este follón editorial se suma, como ya he mencionado, nuestra consola híbrida favorita, así que vamos al lío.

En el universo de Metro Redux, el mundo ve como se desata el conflicto nuclear a escala global y la humanidad paga el precio más alto. Las poblaciones son prácticamente borradas de la faz de la Tierra y en Moscú, un puñado de supervivientes ocupan el sistema de Metro de la ciudad y lo convierten en su nuevo hogar, muy lejos de una superficie irradiada más allá de toda salvación. Pronto comienzan a convertir las estaciones en ciudades y las vías por donde transitaban los vagones en infraestructuras por las que comunicarse pero aún con una nueva sociedad, vuelven los problemas del viejo mundo. En medio de este lúgubre panorama encarnaremos a Artyom, un joven nacido en la Moscú previa al conflicto apocalíptico que se ve inmerso en una historia mucho más grande de la que jamás podría haberse imaginado...

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