Durante la presentación oficial de Gran Turismo Sport celebrada el pasado mayo en Londres vimos un montón de coches carísimos. Un sueño fuera del alcance de los simples mortales para unos, una divertida curiosidad con la que darle algo de movimiento a la cuenta de Instagram para otros, aquellos bólidos daban vuelta tras vuelta a las inmediaciones del pabellón llenando el ambiente de olor a gasolina y goma quemada. Dentro, entre cientos de focos y otros tantos vehículos despampanantes, el mismísimo Kazunori Yamauchi ejercía de maestro de ceremonias, desgranando una a una las competiciones, las galerías virtuales y las virguerías fotográficas que vendrán a engordar la propuesta del juego cuando por fin llegue a las tiendas. Se habló mucho de números, supongo que para apaciguar a aquellos que afilaban los puñales impacientes por acusar al juego de eso tan difuso que es la "falta de contenido". Hoy en día es una de las cosas más feas que le pueden decir a uno, y creo que desde ese enfoque la presentación fue un éxito rotundo: allí había contenido por todas partes. Esta mañana, en Madrid, solo había una sala pequeña, tres consolas, otros tantos volantes, y un juego de coches. Sin duda hemos salido ganando.
Porque en entre tanto espectáculo pirotécnico, entre tanto paseo en Ferrari y tantas copas de escuderías y tanto carnet de la FIA, a alguien se le olvidó hablar del juego. Y puede que tenga su lógica, porque el Gran Turismo Sport que llegó a Londres con la lengua fuera y el depósito en reserva estaba demasiado verde como para atreverse a tomar conclusiones. Creo que lo comenté en su momento, pero si había algo de tranquilizador en aquella versión jugable es que los fallos eran tan rotundos, tan evidentes, que nadie en su sano juicio los tomaría por definitivos. Texturas planas, sombras bailarinas con el pelo cortado a tazón, un asfalto más plano aun... cabe preguntarse si tenía sentido montar aquel tinglado para presentar a un bebé en la sexta semana de gestación, pero por fortuna todo eso ya da igual: Gran Turismo Sport está lejos de estar terminado, pero los meses que restan hasta el lanzamiento ya no son una carrera desesperada, sino simple espacio para mejorar.
Aun así, antes de entrar en harina, no está de más pegar un nuevo repaso a los datos. Porque los ha habido, claro que sí, y aunque la estructura de la pequeña presentación que ha precedido a la sesión de prueba ha recordado bastante a una versión low cost de lo que vimos en Londres, al menos nos ha servido para resolver algunas pequeñas dudas y echar algo más de carne en el asador. Por ejemplo, por fin sabemos para que sirve realmente ese misterioso carnet virtual, ese documento no tan ficticio que desbloqueamos jugando y que viene con la vitola de estar reconocido por la mismísima FIA, como los buenos, como los de verdad. Muchos no lo entendimos en su momento, porque la perspectiva de que no sirviera para nada y la de que sirviera para pilotar coches reales sonaban igual de absurdas, y la respuesta viene a quedarse en un término medio: la cosa irá por países, parece, pero en la mayoría de los casos servirá para ahorrarse los primeros pasos a la hora de hacerse con una licencia de competición; para saltarse el examen teórico, o ahorrarse unos buenos duros en el proceso de inscripción, por ejemplo. Por el momento España no es uno de los países seleccionados, así que en cualquier caso nos quedaremos con las ganas.
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