El primer BitSummit, celebrado en 2013, era un experimento. La idea era meter a un puñado de desarrolladores indie japoneses en una habitación y juntarlos con prensa y representantes de la industria, a ver qué pasaba. El segundo BitSummit refinó el modelo, y el evento eclosionó finalmente en el tercer año.
La cuarta edición de esta celebración de lo indie tuvo lugar en Kyoto el pasado fin de semana. El tamaño del evento, pese a ocupar más o menos el mismo espacio físico en el Miyako Messe que el año pasado, era un indicador que ponía de manifiesto tanto la creciente importancia del BitSummit como la renovada energía de la comunidad indie japonesa.
Todo tipo de desarrolladores paseaban por un hall en el que se podían ver y escuchar títulos tan variados como sus creadores. Había juegos que bien podrían pertenecer al catálogo de una gran editora, así como ambiciosas propuestas que mezclaban lo clásico con lo original. En un stand un desarrollador llamado Takahiro Miyazawa había creado unas tijeras gigantes para usar como mando en su juego, mientras que aquellos que probaban Bloodstained: Ritual of the Night lo hacían con el famoso Koji Igarashi al lado, dándoles instrucciones y consejos.
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