Análisis de Ghost of Tsushima

"Descubrí que el camino del samurái es la muerte", rezan las primeras líneas del Hagakure (1710). Este escrito recoge las enseñanzas de Tsunetomo Yamamoto, un samurái que vivió a mediados del siglo XVII y que, en sus últimos años, instó a sus pupilos a poner por escrito aquello que había aprendido durante sus andanzas como guerrero. Un buen puñado de años más tarde, el escritor japonés Yukio Mishima se obsesionaría tanto con este libro como con todo lo que rodea a la figura histórica del samurái, y terminaría por entender su vida y configurar su entorno alrededor sus ideas. Mishima ansiaba tanto el retorno de este Japón anclado en el honor y guerra que llegó a formar su propio grupo paramilitar en defensa de ello. Murió en el año 1970 tras realizarse el seppuku, un acto de suicidio ritual con sus raíces en la tradición del Japón medieval. Dos hombres, con más de doscientos años de diferencia, se vieron unidos en un instante preciso al amparo de la misma idea: que la manera en la que morimos es, para nuestra historia y para nuestro legado, tan importante como la manera en la que vivimos.

Del seppuku - o "harakiri", como también se le llama a veces, un término que parece un poco más entrañable por lo literal de su etimología: literalmente significa cortarse el estómago - en Occidente hemos oído hablar más de una vez, generalmente de la mano de la ficción. Es uno de esos fragmentos de la historia japonesa que llaman la atención por lo extraño, lo exótico de su concepto. Si bien es cierto que el seppuku tiene también un motivo puramente práctico - para el samurái caído y para cualquier otro hijo de vecino, una muerte rápida será preferible a perecer tras ser torturado por el enemigo - el mito alrededor de la práctica tiene casi todo que ver con sus raíces espirituales. No sólo otorga al guerrero una muerte más digna sino que también da la opción de redimirse a aquel que se ha separado del camino; el seppuku es un gesto que purifica, pone fin de manera decorosa al samurái que no ha sabido resistir la tentación de la deshonra. Abandona este mundo dentro de su armadura, por su propia mano. Una muerte rápida. Con honor.

Estas ideas sobre lo que es noble y lo que no, lo que es correcto y honorable y lo que es incorrecto y, por ende, profano, son el hilo conductor de las mil maneras en las que se expande la historia de Ghost of Tsushima. Nuestro protagonista es Jin Sakai, joven heredero de un poderoso clan de guerreros en un Japón medio conquistado ya por los mongoles. Sakai lo ha perdido todo en su última batalla, a cada uno de sus hombres y seres queridos, pero el azar del destino querrá que él sobreviva de milagro. Pero ahora, solo ante el peligro, entiende rápidamente que si pretende seguir adelante tendrá que empezar desde lo más bajo. Un samurái sin dueño, puesto que ahora sólo es dueño de sí mismo, que con nuestra ayuda escalará poco a poco hasta conseguir ser una fuerza lo suficientemente sólida como para plantar cara al kan, líder de los mongoles, y a sus cientos y cientos de ejércitos apostados por toda la isla de Tsushima. No sin antes tener que enfrentarse, claro, con una verdad incómoda, un conflicto insalvable: que el honor no sirve de mucho en la guerra.

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